jueves, 22 de abril de 2010



Gris azulado
de Angora
se refriega rancio en mi siesta.
Repelo pesadamente su fláccido cuero.

Hastiado de bronce me levanto de la cama
con un chirriar de goznes amarillentos en la vejiga
para mi descarga de óxido y daño.

¡Silvia!
¡¿dónde dejaste mi dentadura!?

En la mesita la descubro.
Luce su mordida como de callos
lamidos por una mascota gris
dentro de un vaso
de licor turbio, cirroso de angustia.

Este líquido en la nariz me está molestando...

El cielorraso se ve mi en retina como un manto de sarro
salpicado de tiza.
Cubro la luz con la cortina.
La cama grita bajo mi bata
con un graznido demente.
Una cadencia senil
chorrea de la radio latosa
con la languidez de un alma

¡Silvia, Silvia!
¿donde estás?
¡apagame esta porquería!

que exuda sueros opacos
en compañía de solo un gato
rancio.

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